Soul in Brooklyn

Recuerdo que, cuando era pequeña me gustaba sentarme al principio del autobús, para ver pasar a la gente. Hoy por hoy, muero por tener uno al final. Estar sola todo el trayecto, con los cascos puestos, me hace reflexionar, no perder la calma.
Y de eso se trata todo esto, de reflexionar. Me he acostumbrado a despertarme a las 7:3O, cada mañana; sea Lunes, Martes, Miércoles, Jueves o Viernes. Para mí ya no existen los Sábados, ni siquiera los Domingos.
La otra noche estaba sentada en la ventana, eran casi las dos. Tenía los cascos puestos, Triple XXX sonando, y me di cuenta de que conservo muy pocas cosas de cuando era pequeña. De que me he convertido en eso que jamás quise convertirme. No tengo ganas de estudiar, los malos vicios me tientan, solo quiero dormir... Y, en parte, entiendo mi conducta; no es la correcta... Pero la entiendo. La vida empieza a pasarme factura a los (casi) 17 añitos, y no quiero que continúe castigándome. Tengo dos opciones, o cambio... o me dan por culo.
Hace tiempo aprendí a fotografiar mi sonrisa y, como he dicho antes, es de las pocas cositas que me quedan de cuando era una cría. Son pequeños detalles, algunos peluches... Y, tan solo, un par de fotos. Tengo una foto con mi abuelo frente a mi almohada, en la pared. Y es increíble mirarla, verme y decir: ''Es que soy yo. Soy yo''. Verme tan chiquitita, tan ignorante, tan... feliz, y ni siquiera poder creérmelo. Todavía paso noches en vela con Osete, Puppy o Pingu, y recordar como jugaba con ellos en mi habitación. También recuerdo a mi primer novio, Jose Luis, cuando estábamos en el último curso de parbulitos. Eran pequeños detalles, como dejarte una simple cera, caminar a tu lado; señores eso se ha perdido. El romanticismo se ha perdido, por eso paso de niñatos que solo quieren meter la bola en el hoyo. Pero algo que tampoco puedo olvidar, a mis dos mejores amigos; Jesús Herrera y Jesús Gutiérrez. Me acuerdo de cuando venían cada tarde, a las 17:OO, para jugar en la placeta a las canicas, o ir a su casa a merendar. Hoy en día, paso por mi barrio (La Chana) y noto el paso de los años. Todavía recuerdo cada palabra de esa carta que me escribisteis cuando me marché. Cuando me sacaron de mi salsa.
Fue entonces cuando todo comenzó a caer en picado, todo iba de mal en peor y yo no me sabía defender. Pero, nada ha cambiado, es ese aspecto; porque yo sigo cayendo, sigo intentando vivir de falsas esperanzas, sigo intentando ir a mi bola, sin que nada me dañe, sin que nada me importe. Pero hay veces en las que no puedes, en las que solo quieres gritar, correr, llorar, patalear; a cambio lo único que recibes es esa frase tan sumamente falsa e irónica que dice: ''Yo te entiendo''. No, no lo entiendes, porque nunca has preocupado, porque ni siquiera sabes como mirarme a la cara. La única ventaja es que he aprendido a desahogarme sin tener que rendirle cuentas a nadie, sin tener que dar explicaciones, porque sobran.
Y odio preocuparme por todos, y que nadie sepa apreciarlo. Decir ''te quiero'' y que nadie sepa entenderlo. Pero, sin duda, lo que más odio es que intenten silenciarme, diciendo que aún no soy mayor. Y, ¿tú que sabes? Si ni siquiera sabes como me llamo. Tengo muchas cosas que echar en cara, a todos, no se salva nadie, pero me callo... Porque esto sigue siendo una dictadura, donde el poder lo tiene el más grande. Es otro ''David contra Goliat''.
Y, tras muchos años en esta mierda de realidad, he llegado a una conclusión:
''No digas que quieres a alguien al azar,
díselo solamente a la persona que se lo merezca,
que se lo haya ganado''.

Categories:

Leave a Reply