Soul in Brooklyn

Hace días que llevo la cuenta de las veces que me apetece besarte, 
que marco con un punto sobre mi piel 
cada ocasión en la que te pediría que nunca te fueras. 
Tengo cada te quiero que jamás te digo escondido en mi mirada. 
Llevo cada abrazo por dar detrás de mi sonrisa tonta. 
Guardo cada carta que te escribo en el dorso de mis manos 
para ofrecer al menos un poco de resistencia cuando tú, 
caballero de los traviesos, 
desarmas como nada la armadura tras la que me oculto. 
Hace días que marco sobre tu cuello cada bendito lugar donde te besaría. 
He escrito sobre tu piel todo aquello que, seguramente, nunca sabrás, 
mientras jugamos a querernos como dos locos por esta ciudad. 
Desperdigadas por tus brazos, 
están cada letra de esas dos palabras que nunca tengo la valentía de decir. 

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