Quizás recibir un regalo suyo es bonito. Quizás que te escriba algo es bonito. Quizás que te diga palabrerías es bonito. Pero, sin duda, lo bonito son esos pequeños detalles insignificantes, que pasan desapercibidos. Coger su mano, mirarle, sonreír (...). Decirle te quiero, aunque piense en sentido de amistad.
Son cositas importantes, a las que la gente no presta atención. A mí me vale cero que me petase el móvil de mensajes, que me pusiera mil comentarios en el tuenti, o que me tweetease hasta que le saltase el límite de Twitter. Me da igual que gritase a los cuatro vientos proclamándose por mi amor, o que solo tuviese fotos nuestras. Me importa más que supiese decir con su mirada lo que por los labios se le escapan a los demás. No buscaría palabras bonitas todo el día, no buscaría un cuerpo diez de mente cero, no buscaría algo normal. Buscaría presumir de complicidad, de confianza. Buscaría despertar y saber, a ciencia cierta, que él estaría conmigo esa mañana. Buscaría no tener vergüenza al decir lo que siento, o simplemente callar e improvisar un sueño. Hay frases, palabras que se dicen por rutina. Lo que él no sabe es que lo mío no es rutina, es nuevo.
Pero, shhh... Es un secreto.
Juré que no volvería a sucederme de nuevo,
volvió a pasar.
Que cupido no volvería a enredarme en su juego.
y aquí ahora estás hablando de amar.
volvió a pasar.
Que cupido no volvería a enredarme en su juego.
y aquí ahora estás hablando de amar.
~
Tú tienes algo inusual que aún no lo descifro,
pero alteras mis sentidos.
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