Soul in Brooklyn

Estoy aquí, una vez más. Tirada bajo la coraza que he formado entre las almohadas. Ando buscando fuerzas, debajo de las piedras para no sentirme mal. Me levanto cada mañana, y no está aquí. Nada me calma ya, ni sus vicios, ni los míos. Que son los mismos. Esto no es ninguna equivocación, mucho menos un error. Puesto que, da igual los kilómetros, la edad... Ya nada importa, cuando hablo con él; el mundo desaparece. ¡Tic, tic! Ya no hay nadie, solo nosotros dos.
Me encanta que me llame cariño o retard. Me encanta que se quede levantado hasta tarde, para darme los buenos días antes de que me vaya al instiputo. Me encanta que me dedique canciones. Me encanta que me twittee mil cosa. Me encanta que me diga que me quiere.
Y, quizás, para el resto del mundo solo sean simple palabras. Pero para mí no son solo palabras, son un mundo. Porque él de un granito de arena, puede hacer una montaña; en el sentido bueno. Y ya, no quiero vivir sin él. Jamás había sonreído tanto con un simple sms al móvil. Hoy, mi día ha sido una mierda. Él me ha mandado un sms, y ya soy feliz por el resto de mi vida.
Tengo su foto en el fondo del móvil, y cuando lo echo de menos, me basta con mirarla. Quedarme distraída, mirándole durante un buen rato. Con eso estoy contenta. Y, sí, quizás sea algo muy simple. Pero yo estoy comenzando a creer en algo que nunca creí que pudiese pasar. Ya, ni siquiera me salen las palabras, solo tengo ganas de decirle que lo quiero. Y, cuando me cuenta sus secretos me mata completamente.
Yo quiero tenerlo aquí, conmigo. Solo él y yo. Prometo que serán las mejores navidades de tu vida.



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