Soul in Brooklyn


Hoy, cuando desperté, abrí la ventana. El olor a hoja mojada inundó mi habitación, y las gotitas de lluvia chocaron contra el cristal. Estaba lloviendo y, por fin, había llegado el otoño. Quizás muchos odien la lluvia (atascos, pelo de rey león, bullicio de paraguas, frío…). A mí me encanta. Es mi temporada melancólica. Esos días en los que me quedo en la cama, escuchando el leve sonido de la carrera que se produce entre gotitas de agua, que intentan sobrevivir tras chocar con mi cristal. Calentita entre las sábanas de pelillo, y con el edredón por encima. Mis cascos rosas en modo on, y suena Maná, Seether, Nirvana… Bsb, por supuesto. Estreno los botines que compré en Septiembre, fortaleza contra el frío y los calcetines mojados. Chapotear sobre los charcos, eso que no me dejaban hacer de pequeña. Y, ponerme perdida de agua salpicada. Echaba de menos sentir la lluvia mojándome el pelo, pero dejando intacto mi flequillo. Echar vaho, y recordar que cuando era pequeña decía: “¡Mira, mamá! Estoy fumando”. Sonrío, y busco en el bolsillo el paquete de tabaco. Saco un camel, lo enciendo, y calada al canto. Guardo las manos en los bolsillos y sigo caminando. Me encantan los desfiles de paraguas, unos más bonitos que otros, unos más horteras que el resto. Me muero por ver el arco iris y fotografiarlo desde la playa del Palo, entre nubes, olas y arena. Apaga la BB, que además, en esta época del año, los sentimientos están a flor de piel y las hormonas más revolucionadas que en primavera; así que cada palabra que me dice vale por cuádruple. Meterme con él en la cama, y acurrucarme como sardinas en lata. Morderle el cuello, dibujar caminitos de besos hasta… donde Dios sabe qué lugar(…). Quedarnos en casita, con películas de miedo, entre las sábanas, palomitas y cerveza. Salir de casa solo para hacer algunas pics’ por la ciudad. Porque para todo lo demás, está nuestro pequeño escondrijo.



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