Soul in Brooklyn

Aun recuerdo esa noche de Agosto que te vi por primera vez. Era de madrugada, y yo salía de un bar, tú sonreíste provocando que me sonrojara. Me acerqué a pedirte un cigarro, buscaba romper el hielo. Segundos después un marlboro se imponía humeando entre mis labios. Me preguntaste mi nombre, encontrando mi mirada.

"María", te dije.

"Yo soy Adam", entonaste tras guardar el paquete en la chaqueta de cuero. Tenías una pinta muy chulesca, muy tuya, con las Ray Bans cubriéndote los ojos. Enarqué una ceja, cruzándome de brazos, y bromeé.

"Es de mala educación llevar gafas mientras mantienes una conversación. Y demasiado estúpido, es de noche. ¿Escondes algo... Adam?". Derroché demasiada lujuria, al encontrarme con unos ojos de marrón chocolate que me hicieron morir en segundos.

"¿Mejor así... Mery?", me hice la ofendida al comprobar semejante confianza. 'Mery' que bien sonaba así. Reí divertida y caminé calle arriba. "¿Dónde vas?", me seguiste.

"Iré a casa, está por llover. ¿Quieres venir?", no supe reaccionar tras escuchar cómo mi garganta me jugaba una mala pasada, aliada mortal de mis cuerdas vocales. Asentiste con una sonrisa, caminando hacia mi lado.

Yo miraba al suelo, hasta el momento en el que encontré frente a mí la puerta de casa. Busqué las llaves en el enorme bolso, cosa que duró unos segundos demasiado largos. Suspiré aliviada al encontrarlas, mientras que tú soltaste una risotada entrando al interior. Me quité la chaqueta, y te miré, reconozco que estaba nerviosa.

"¿Quieres coca cola, cerveza, ron...?", te ofrecí amablemente, pasando a la cocina.


"Oh, una cerveza está bien, Mery", murmuraste acercándote peligrosamente, por momentos.

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