"No es que no recordara lo que había hecho en el último rato, pero me resultó extraño el olor que invadía mi cama en la penumbra de la habitación. Miré el reloj, tan solo hacía un par de horas que, bueno… nos habíamos acostado. Di mil vueltas sobre la cama, buscándote y me fui a dar por vencida cuando te dejaste caer, de nuevo, sobre las sábanas. Me miraste y sonreíste recorriendo con la yema de tus dedos mi cuello. Te atraje por la nuca y me besaste, deslizando tus manos hacia mi cintura.
-¿Quieres que me quede?-Preguntaste, suspirando con los ojos entreabiertos.
-¿Quieres quedarte?-Lo gracioso era que sí, me moría porque te quedases, aunque solo fuese por una noche. Pero aún así no quería mostrar semejante anhelo tan pronto, necesitaba acostumbrarme a que mañana te echaría de menos, y es que probablemente esto no volvería a suceder.
No obtuve respuesta, solo una afirmación transformada en un abrazamiento mucho mayor a mis fuerzas, del que no me quería desprender. Respiré tranquila, inmortalizando aquel maravilloso instante que me dio lugar a miles de preguntas en mi cabeza."
Ni yo soy una princesa, ni tú eres un príncipe, así que dejemos los cuentos aparte. No busco la perfección, ni un amor eterno, porque cabe destacar que no somos inmortales. Y sí, quizás seamos jóvenes y tengamos la vida por delante, pero hay cosas que empiezan cuando estás en esta edad y te dura hasta la muerte.
No pido citas románticas, ni escritos bonitos, ni grandes lujos. No importa cuánto cobres, ni qué vicios tengas, ni de qué forma hables. No me molesta que puedas ser mal hablado, ni que te gusten los follones, ni que te piques con facilidad.
Pido que me quieras, que despiertes a mi lado, que seas tú mismo. Me importa lo que pienses, lo que sientas, lo que esperas de mí. Me molesta desvelarme de madrugada y no poder abrazarte.
Categories:
#AdamJordan