Me has prometido una cita esta noche, en tu casa. Una cita que será totalmente distinta a las demás, eso me intriga, ¿a qué te refieres? Salgo de casa, casi son las ocho, tengo tiempo de sobra para cruzar la ciudad en moto. Durante el trayecto me concentro en imaginar qué es lo que me espera, no estoy segura de ello. Ahora mismo no estoy segura de nada. Estoy algo nerviosa, buscando la calle, hasta que doy con ella. Segunda casa, acera de la izquierda, fachada blanca. Vale, ya. Me cuelgo el casco en el antebrazo y me revuelvo el pelo, mientras que toco al timbre. Espero, durante unos minutos que se me hacen eternos, hasta que un pequeño ruidito hace que la puerta metálica abra la llave. Está esperando en la puerta de entrada, sencillo, con una camiseta y unos vaqueros. Sonrío agachando, por un momento, la mirada hacia el suelo. Camino hacia ti, con inseguridad, no sé qué decir o cómo saludarte. El corazón se me acelera cuando me atraes hacia ti, para dejarme un suave beso cerca de los labios.
-Creí que no ibas a venir.-Sonríes, tomándome de la mano, haciéndome pasar.
-Lo cierto es que… No encontraba la calle. Soy un poco inútil-Bromeo, observando lo que parece ser el salón. Las paredes son blancas, con detalles en rojo. Hay cuadros con portadas de revistas, cómics… Es simplemente genial-. Me gusta tu casa, es… diferente.
-Vaya, gracias-Cierras la puerta, mirándome-. Te explico en qué va a consistir nuestra cita.
Me deshago de la sudadera y el casco, y los cuelgo de un perchero que hay junto a la puerta. Me coloco bien la camiseta y sonrío, metiendo mis manos en los bolsillos del pantalón. Tengo mucha curiosidad por saber sobre la cita, si se supone que es diferente a las demás que pueda tener.
-No soy muy romántico, y las citas las hago a mi manera-Te ríes. Dios, qué sonrisa…-. Te propongo una noche de pizza y videojuegos.
-Interesante. Tenías razón, nunca había tenido una cita así-Río, apartándome el pelo hacia un lado. La idea, o el concepto, de cita que tienes me gusta. Sí, es diferente, y suelo aburrirme en citas típicas romanticonas. No soy nada romántica, quizás un poco empalagosa, pero no especialmente romántica-. ¿En qué juego estás pensando?-Uncharted tres, ¿tal vez?-Me miras, sujetando la carcasa del juego. Oh, dios… Que vicio tengo con ese juego. Asiento cogiendo la caja, mirando el reverso-¿Te gusta la pizza Pepperoni?
-¿Bromeas?-Nos dejamos caer sobre el sofá, para esperar al pizzero-Es la pizza más deliciosa que pueda probar en mi vida. Dios mío, ¿por qué eres tan perfecto?
"Din, dong", suena la puerta. Ya ha llegado la pizza, por fin, me muero de hambre. Te levantas, y buscas tu cartera en el bolsillo mientras que abres la puerta. Voy a la cocina y busco un mantel, instintivamente miro un cajón en concreto, como si ya conociese la casa. Me quedo un poco en blanco al encontrarlo justo ahí.
-Pizza Pepperoni con doble de queso, una lata de Coca cola y otra de Pepsi-Escucho en la entrada. Asientes con una sonrisa cogiendo el pedido y poniéndolo sobre la mesa pequeña, entre los sofás y la televisión-. Son diecisiete con cincuenta.
-Ten, quédate con el cambio.-Sacas de la cartera dos billetes de diez y se lo extiendes sobre la mano. El pizzero sonríe y se marcha a paso ligero. Cierras la puerta y me miras.
-Me muero de hambre-Me quejo riendo, sentándome en el sofá y abriendo la caja de la pizza-. ¿Pepsi o Coca cola?
Es una pregunta clave, para determinar si eres perfecto o tienes un mínimo fallo. Te sientas a mi lado, enarcando una ceja, tomando la Coca cola.
-¿Perdona?-Sonríes haciéndote el ofendido.
-Mm... Sabía que no podías ser tan perfecto.-"Clac", abro la lata de Pepsi.
-Nadie ha dicho que lo sea.-Me fulminas, cogiendo un trozo de pizza.
Respiraciones agitadas, entrecortadas. Caigo sobre el colchón, deslizándome entres tus dedos, conjuntamente con tu cuerpo. Sonrío, buscando el aire, sonríes en mi oído y me abrazas. Éxtasis divino recorriendo cada poro de mi piel, sintiendo como respiras hacia mi cuello. Me atraes en tus brazos, me miras y suspiras.
-Necesito saber algo.-Tu tono se ha tornado un poco serio, a penas sonríes.
-¿El qué?-Te miro, sin llegar a comprender qué pasa. Solo espero que no sea algo malo.
-¿Me esperarías?-Tus ojos se posan, casi fulminando, sobre los míos. Sigo sin comprender.
-No entiendo.-Murmuro, dándole mil vueltas al asunto, a la pregunta en concreto.
-Si tuviese que irme, ¿me esperarías?
Categories:
#AdamJordan