Soul in Brooklyn


Anoche estaba cansada del bullicio de la ciudad, y decidí escapar. Cerré los ojos y pulsé el play.
Buscaba tranquilidad de un mundo que solo me avasalla, me condena y me desangra. Tenía la necesidad de sentir la paz que tenía meses atrás, el calor de una caricia, el silencio de un sueño. Y, allí me encontré otra vez. Sentada en el mismo banco de madera resquebrajado, la camiseta manchada de lágrimas, y la botella de ron junto a mis pies. Hacía frío, tiritaba, me relamía los labios cortados por el mísero placer de sentir dolor. Me planteé seriamente qué estaba haciendo con mi vida, ¿por qué volvía allí una y otra, y otra, vez? ¿Por qué le seguía echando de menos? ¿Por qué seguía notando sus dedos rozándome la piel?
A veces, leo mis escrituras y, bien podría aceptar que puedo ser una cría más con un desamor. Pero no es así, cuando surco las heridas en relieve plasmadas en mi cuerpo. Heridas que me doblan la edad.
Que una persona pueda ver más allá del exterior, hoy en día, tan solo sería un mito. Pero él consiguió hacerlo. Consiguió darle vida a un alma podrida. Consiguió transformar en bella música las súplicas de muerte que había en mi interior. Consiguió color en la más triste oscuridad. ¿Por qué? ¿Por qué sin conocerme se nombró como el caballero andante? ¿Por qué me limpió con alcohol las heridas? ¿Por qué me cosió las alas? Jamás le pregunté, pues gozaba de la locura más bonitamente perversa.
Supo hacerme sonreír, en los días más negros. Supo calmar las horas, cuando la luna respiraba agitada. Nos perdimos en los bosques más inmensos, huyendo de todo aquel que no aceptaba nuestra obsesión común. Surcamos los desiertos más solitarios, en un viejo coche americano. Luchamos contra las bestias más educadas, y dimos caza a la distancia.
Me arañé el corazón, lamentándome por todo lo que perdimos. Como en una partida de ajedrez, fueron ellos quien nos dieron jaque-mate. Y el universo explotó, porque el Sol necesitaba oscuridad.
Hoy, tan solo son palabras. Y, no quiero estar aquí para cuando vuelvas a fallarme. Y, si he de volver a Londres, allí me quedaré. Allí reharé toda mi vida, olvidando lo que aquí dejaré. Pero, jamás negaré que fuiste el único que trató con María, y no con Tay. Que te seguiré echando de menos. Y, que si cumples tu promesa, yo te arroparé.

Categories: ,

Leave a Reply