Soul in Brooklyn

- ¿Cómo te sientes? -Oigo esa pregunta tras de mí, sacándome de mis pensamientos.
  
Enciendo la pantalla del móvil para mirar la hora. A penas ha pasado una hora desde que he llegado a ese lugar donde siempre me he encontrado cuando me he perdido. Ese patio de enredaderas que se anudan a la valla de metal oxidado. Tomo un poco de aire, sintiendo el calor hundirse en mis pulmones; teniendo en cuenta, por primera vez, que agosto llega a su final. Tuerzo el cuello levemente, dibujando una fugaz sonrisa que él no puede ver. Los pasos se acercan, finalizando cuando se sienta a mi lado y me mira con ese gesto imparcial en su cara que es la primera vez que observo en él. Encojo las rodillas contra mi pecho, rodeándolas con los brazos. Pienso en la respuesta, y en la pregunta en sí; ya que es algo que no me había planteado. Cierro los ojos un instante, lo suficiente para vislumbrar las palabras.

- Me siento bien. -Suspiro con satisfacción, como nunca lo he hecho.

- ¿Qué hay de tus amigos? -Murmura con curiosidad, desviando la mirada hacia el agua de la piscina.

- Mis amigos son mis amigos. -Respondo con seguridad, tras haber comprobado cuáles de ellos continúan a mi lado.

- Y, ¿tu familia? -Continúa con la mirada perdida, esta vez en otro lugar.

- Mi familia me ha sacado de la oscuridad. -Alzo la vista al cielo, en un pequeño guiño a mi pasado.

- Y, ¿qué hay de Adam? -Dicha pregunta hace que sienta picor en la garganta, pues ese es el tema que más quebraderos de cabeza me ha dado.

- Se marchó. Puse un ultimátum. -Me giro para mirarle con un brillo irreconocible en mí, y ya estoy lista para disparar antes de que vuelva a preguntarme acerca de cómo me siento con respecto a ello-. No éramos nada, ni éramos nadie. Solo dos personas perdidas en el lugar menos indicado. Decidí que no quería vivir estancada en una historia que siempre terminaba igual... Decidí que no quería vivir estancada en la misma página de un libro escrito por el mismo escritor.

  Él asiente sin decir nada, orgulloso de la respuesta.

- ¿Estás preparada? -Sonríe sin más.

- Sí. Estoy lista para empezar a vivir, y para tomar las riendas de aquello a lo que conlleva. Sé que lo he dicho muchas veces, pero… ésta vez; todo ha cambiado, y yo la primera. Ya no soy quien era. Ahora soy quien me enseñaste a ser. Ahora soy quien quiero ser, voy a donde quiero ir, digo lo que quiero decir, y hago lo que quiero hacer. Ahora pienso en mí, antes que en los demás. Y estoy preparada para salir del nido, para volar. -Su gesto me es contagiado, ensanchando una gran sonrisa en mis labios.

- Entonces… Esto es un “adiós”. -Se levanta del suelo, sacudiéndose los pantalones.

- Lo es. -Contesto levantándome también.

  Paso a paso, me acerco hacia la salida, notando tu mirada clavada en mi nuca. Dejo las llaves sobre la mesa de la entrada, abriendo la puerta a la calle. Aspiro una bocanada de aire que me sabe a libertad y me volteo, antes de marcharme.

- Jack… Gracias por estos catorce años a mi lado.
  
Para mi sorpresa, él ya no está allí, pero sé que me ha escuchado. Y sé que no hace falta que le agradezca todo lo que ha hecho por mí; pero, he aprendido a ser honesta y eso corre a cargo de tal virtud. Cierro la puerta tras mi paso, y bajo los escalones con lentitud para echar un último vistazo a ese lugar al que nunca más volveré.

  
Cierro la verja, enredando la cadena de metal en ésta, para clausurarla con un candado sin llave de retorno.

Categories:

Leave a Reply